Camino por la calle, rumbo a casa, y veo los bares llenos de gente, un viernes por la noche… sus sonrisas, sus preocupaciones, sus festejos… y sus hermanos de Africa, sus hermanos como estan…

Si yo tan solo pudiera abrir un camino hasta ellos…

Con sus estomagos vacíos… sus ojos grandes, sus instintos llevados a su límite para lograr sobrevivir un solo segundo más en esta tierra.

Y yo los veo, despreocupados bebiendo, llenando sus barrigas, mirando con desprecio a los inmigrantes, dueños de su futuro… un futuro manipulado… los veo y solo veo títeres…

esclavos de sus móviles, esclavos de su realidad, enfermos, ciegos… deshumanizados, como simples productos de una gran empresa llamada neoliberalismo, globalización. Y hoy se sientes a salvo en una sociedad que les vigila con sus cámaras, controla sus gastos por sus tarjetas de crédito y escucha sus infidelidades en sus móviles o sus correos electrónicos. Todo se sabe, nada se escapa al gran hermano. Pero los observo y ellos lo intuyen pero tampoco les importa, mientras tengan liga para mirar un fin de semana, un catálogo de dónde viajar en verano, un trabajo fijo, viviendo del Estado, una falsa seguridad de estabilidad y felicidad vendida por los medios que consumen, que les obligan a escuchar, a ver y leer, hasta el punto de ver como miles de personas se alimentan de la mala información de periódicos gratuitos, que ruedan por los metros, y las cities…

Y alguien piensa esa noche es sus hermanos los chicos que estan en guatánamo o esas tantas cárceles encerrados injustamente… claro esa realidad no existe, porque los medios nunca hablan de ella.

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